Con semejante ejército de obreros como el que nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡Cuán pronto se proclamaría al mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir! ¡Cuán pronto vendría el fin, el fin del sufrimiento, del dolor y del pecado! ¡Cuán pronto recibirían nuestros hijos, en vez de una posesión aquí, marchitada por el pecado y el dolor, una herencia donde "los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre", donde "no dirá más el habitante: Estoy enfermo" y "no se oirá más en ella voz de lloro"! (Consejos para los maestros, pág. 540)
... Vayan los jóvenes, las señoritas y los niños a trabajar en el nombre de Jesús. Únanse teniendo en vista algún plan y orden de acción.
¿No pueden formar un grupo de obreros y fijar un tiempo para orar juntos y pedir al Señor que les dé su gracia, y emprender una acción unida?... (Mensaje para los jóvenes, pág. 195)
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